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Las familias asociadas a la organización Ceapa, mayoritaria en la escuela pública, ha abierto el debate sobre la oportunidad y el beneficio de los deberes. Y me parece un debate necesario. Cuando pienso en los deberes, como dice el refrán, “le veo las orejas al lobo”. Los deberes son uno de los símbolos más evidente de un sistema educativo caduco. Si estamos en contra de las pruebas estandarizadas, como las de etapas o las revalidas, difícilmente podremos aceptar un anacronismo como los deberes.  Pero hay muchos docentes que insisten en la “necesidad” de los deberes y  muchas familias, especialmente las que creen que la educación depende de la cuenta corriente, consideran una estafa que los niños, niñas y jóvenes no lleven deberes a casa.

Llevo años viendo como mis hijos pierden su infancia, tardes y tardes, copiando enunciados de ejercicios, haciendo portadas de asignaturas, memorizando textos para un examen. Y todo ello de la misma manera que lo hacía yo hace 45 años. En muchos casos casi con los mismos contenidos y con las mismas exigencias: puntuación para las pruebas estandarizadas y clasificaciones de los y las profesoras.

No se me ocurre porqué  los deberes pueden llegar a ser beneficiosos. En la mayoría de los casos que conozco son una carga familiar que genera serios conflictos, provocan estrés en los escolares y convierten el aprendizaje en un proceso de escaso interés.

Hemos decidido de antemano  que los niños y las niñas tienen que hacer deberes por las tardes y durante los fines de semana. Se exige tal acumulación de datos, irrelevantes o poco relevantes para los escolares, que el aprendizaje se convierte en un proceso lento, costoso y antipático, requiriendo las veinticuatro horas del día para que los niños y las niñas acumulen conocimiento inútil y sin sentido. Al igual que las reválidas, los deberes sostienen un modelo educativo en el cual prevalece la instrucción sobre la formación y confunde el aprendizaje con las notas y las puntuaciones de los exámenes. Además, hay expertos que sostienen que los deberes tienen el efecto de ampliar la brecha entre los y las  escolares de familias acomodadas y los de familias con bajos ingresos y en riesgo de pobreza. No conozco ninguna investigación que apoye la creencia de que los deberes ayuden a los niños, niñas y jóvenes a desarrollar hábitos de estudio saludables y a desarrollar el aprendizaje que no sea la acumulación de conocimientos. Ni que tengan beneficio intelectual alguno

Las prioridades del sistema educativo están equivocadas y no tenemos porqué aceptarlas sin más. El modelo pedagógico que sustenta  este sistema hace décadas que hizo rehén al amor por el conocimiento, a la creatividad, al placer por aprender, al gusto por la lectura. Todo cambiaría si la prioridad del sistema educativo fuera los y las escolares; y si los centros escolares fueran verdaderas comunidades de aprendizaje abiertas a la modernidad.

Si los deberes persisten a causa de un mito, nosotros les debemos a nuestros niños –a todos los niños- luchar por una política que se base en lo que es verdadero y tiene sentido para ellos”. Alfie Kohn, “El Mito de los deberes. ¿Por qué son perjudiciales para el aprendizaje y la convivencia?”

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